Casa Malpensante
Durante los trece años que lleva de vida, esta revista se ha hecho siempre en una casa bogotana. Primero ocupamos una esquinera estilo Tudor en el Parque de Mamatoco (calle 39 A con carrera 15) y en 2001 nos pasamos a la sede actual, ubicada en la calle 35 abajo de la Caracas. Ambas casas pertenecen a lo que se podría llamar el gran Teusaquillo, un sector tradicional de Bogotá que durante décadas anduvo decaído, entre sedes políticas y prostitución, pero que recientemente ha comenzado a convocar a mucha gente interesada en la cultura; gente como nosotros, adictos a otras formas de la vida alegre.
Pues bien, los malpensantes decidimos convertir esta situación física y topográfica en una situación metafísica, y lanzamos una sede espiritual propia que hemos querido llamar Casa Malpensante. La idea es cobijar todo lo que nos identifica y nos inquieta bajo un solo techo.
¿La idea? Sacudirnos un poco el polvo al tiempo que ayudamos a los demás a sacudirse el propio. Quizá una buena manera de orientar a los curiosos sea decir primero qué no somos:
- No somos un centro cultural tradicional
- No somos una mera compañía editorial
- No somos un espacio académico con fines pedagógicos
Sí somos o aspiramos a ser:
- Un laboratorio creativo y de producción de proyectos culturales.
- Un centro de investigación y de gestión culturales.
- Un lugar donde la teoría se lleva a la práctica.
Dentro de los proyectos de esta Casa se encuentran la revista El Malpensante, principal publicación literaria y cultural de Colombia; el Festival Malpensante, evento que convierte el espíritu y la personalidad de la revista en un espacio de encuentro con los lectores; Elogio de la Lectura, la oportunidad de conocer a los autores más allá de las páginas; el Festival Manuelita Sáenz, evento sobre el pensamiento contemporáneo con el que viajamos a otros países y esta primera edición del festival Azafrán.
Todos estos proyectos comparten una forma de ver la cultura que propicia encuentros inesperados entre temas y puntos de vista aparentemente disímiles. A falta de un adjetivo más preciso y acogiendo la sustancia de lo que hemos construido durante años, podemos decir que se trata de una forma malpensante de ver la cultura, la literatura, las artes y, en el caso particular de Azafrán, la gastronomía.
La Casa Malpensante pretende convertirse así en un banco de pruebas en el que se les mide el aceite a las ideas locas, o no tan locas, que muchos tenemos a diario para desaburrirnos. Zarpamos en esta nueva aventura un día soleado marcado con la fecha del 1 de septiembre de 2009 y, abusivamente, nos estamos deseando buen viento y buena mar.


